lunes, 3 de septiembre de 2018

Las 14 especies de árboles que al abrazarlos sanan diversas partes del cuerpo


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Tradicionalmente, en el taoísmo y en multitud de culturas, los árboles son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra. Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con una sensación vibrante de limpieza interna. Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.

Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos con ellos mirándolos, en silencio.

Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura.

Los libros del Tao llamados Mantak Chia y Maneewan Chia hablan de que a lo largo de la historia, los seres humanos han usado todas las partes del árbol como remedio para curar. Y llegaron a algunas conclusiones respecto a los distintos árboles y su capacidad de sanar a los humanos. Los árboles grandes son los que contienen más energía. Entre los más poderosos se encuentran los árboles que crecen junto al agua corriente. Algunos son más cálidos o fríos que otros. Hay que practicar para distinguir las diversas propiedades de los diferentes árboles.

1-Los pinos. Los mejores árboles para sanar son los grandes, en especial los pinos. Los pinos irradian energía Chi, nutren la sangre, fortalecen los sistemas nerviosos y contribuyen a prolongar la vida. También alimentan el alma y el espíritu. Los pinos son los “Arboles Inmortales”. La poesía y la pintura china antiguas están llenas de admiración por los pinos. Si bien los pinos son a menudo la mejor elección, se pueden usar muchos otros árboles o plantas.

2-Los cipreses y los cedros reducen el calor y nutren la energía Yin.

3-Los sauces ayudan a eliminar los vientos malsanos, a liberar la humedad excesiva del cuerpo, a reducir la alta tensión sanguínea y a fortalecer el aparato urinario y la vejiga.

4-Los olmos tranquilizan la mente y fortalecen el estómago.

5-Los arces persiguen a los vientos malsanos y ayudan a mitigar el dolor.

6-Las acacias blancas ayudan a eliminar el calor interno y a equilibrar la temperatura del corazón.

7-Las higueras de Bengala limpian el corazóny ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.

8-Los canelos eliminan el frio del corazón y del abdomen.

9-Los abetos ayudan a eliminar cardenales, a reducir la hinchazón y a curar los huesos rotos más rápido.

10-Los espinos ayudan en la digestión, fortalecen los intestinos y reducen la tensión sanguínea.

11-Los abedules ayudan a eliminar el calor y la humedad del cuerpo y a desintoxicarlo.

12-Los ciruelos nutren el bazo, el estómago, el páncreas y tranquilizan la mente.

13-Las higueras eliminan el exceso de calor del cuerpo, aumentan la saliva, nutren el bazo y ayudan a detener la diarrea.

14-Los ginkgos ayudan a fortalecer la vejiga y alivian los problemas urinarios de las mujeres.

Para establecer relación con un árbol, y estar en comunión con él hay que mirarlo en silencioy enseguida se advierte la energía sanadora que brota de él. Intuitivamente sabrás qué hacer: puede que pongas tus manos en su corteza, que le abraces o que apoyes tu espalda, con todos los centros energéticos de tu columna vertebral, en su tronco y te llenes de energía. Es realmente sanador poder experimentar, poder vivir con intensidad, esta bella unión con los árboles.

jueves, 30 de agosto de 2018

LOS 4 MIEDOS A LA VIDA Y COMO VENCERLOS


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1. MIEDO A LA SOLEDAD

Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el Espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tu siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tu posees, una luz que debes expandir.

Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

2. MIEDO A LA ESCASEZ

Superar el miedo a estar escaso, sin dinero u oportunidades para ser cada vez más abundante, requiere de un trabajo contigo mismo.

Debes darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima, es una señal de que el fantasma del miedo esta invadiéndote.
Hay una palabra de siete letras que, cuando la repites, empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tienes. Esta palabra es “GRACIAS”.

Cuando agradeces por todo cuanto tienes en este momento y por lo que llegará a ti, comienzas a ser perceptible de todas las cosas que Dios te ofrece cada día. Gracias Dios por abrir los ojos este día de hoy, por poder respirar un día más. Gracias por la cama donde duermo, por las situaciones que parecen adversas; pero me Dejan sabiduría. Gracias Dios por la sonrisa que me regalo esa persona que no conozco. Gracias Dios por Tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de café. Agradece y, en poco tiempo, todos tus deseos comenzaran a materializarse.

3. MIEDO A LA ENFERMEDAD

La enfermedad es un desequilibrio de tu estado de conciencia. Cuando empiezas a sentirte débil, está claro que perdiste tu fortaleza interior. “Enfermedad”, es una palabra compuesta del latin “in-firmus”, que significa “Sin Firmeza”.
Si comienzas a erradicar las auto-culpas, estarás dejando las cárceles del saboteo mental y te liberarás de estas ataduras.

El filosofo Platón dijo: “mente sana en cuerpo sano”. Piensa positivo respecto de ti mismo.
La enfermedad se contagia, perjudicando a otro ser, como se puede contagiar la salud.
Reconcíliate con el pasado, perdona íntimamente en tu corazón todos los sucesos de dolor y llena tu corazón de alegría, perdón y paz.

Permanece también en silencio, porque Dios te hablará en este espacio de meditación.
El remedio para la enfermedad es el Amor. Te darás cuenta que, de todos los medicamentos, el amor también crea adicción. Conviértete en un “adicto al amor”, llenate de amor, ya que nadie puede otorgar lo que no tiene, da amor y recibirás a cambio amor.

Estarás cada vez mas sano y lleno de vitalidad. El mundo necesita que estés saludable, para poder cumplir tu rol de ser un gestor de cambios en este planeta, que necesita curar su alma.

Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que, cuando Dios lo disponga, partiremos de esta vida, no antes ni después. Cuando el médico nos da la primera nalgada para que comencemos a respirar, se activa la cuenta regresiva; ese tic-tac que nos indica que vamos yendo hacia el día que debamos “parar”. Es por eso que la vida es un constante “Pre-parar”, es decir, una invitación a trascender en cada instante vivido, hasta que llegue tu turno de “parar”.

4. MIEDO A LA MUERTE

Cierra tus ojos un momento e imagina que hace una semana que has muerto y que estás en el cementerio visitando tu propia tumba. Miras tu lapida y lees tu nombre, tus fechas de nacimiento y de partida de este mundo. A continuación, piensa en cual es la frase que escribiría la humanidad acerca de ti, en tu propia lapida:

Qué dirían de ti? Que fracasaste en muchas de las áreas de tu vida?; Que la gente agradece que hayas partido, porque les hiciste la vida amarga?; o Qué sienten profundamente tu partida y que dejaste un espacio vacío en la humanidad, que nunca nadie podrá llenar?
Qué diste? Qué cediste? Qué donaste? A quién ayudaste? De qué te privaste?

Escribe en un papel que es lo que deseas que quede grabado en la piedra, cuando partas de este mundo. Trabaja, día tras día, para acercarte a este enunciado que declaras.
El miedo a la muerte se supera, cuando tu meta es proyectarte en la Trascendencia de tu entrega, bondad, generosidad, desprendimiento, altruismo, amor al prójimo, capacidad de despojarte, sin condiciones, sin esperar retribuciones, que vivirá en la memoria y los corazones de quienes hiciste contacto en la vida e hiciste felices.

Tomado de Kapulli y Temazcal, antigua sabiduría Tolteca desde el sitio Deja fluir.

El Significado Espiritual de los Terremotos


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Hoy quería hablar del significado espiritual de los terremotos.

Es un tema mucho más profundo de lo que puede parecer a primera vista. Está relacionado con la historia de la humanidad y con nuestro camino en la vida.

Aunque quizás pueda sorprender la idea, la estructura física del planeta está conectada con nuestra conciencia: cambios en nuestra conciencia provocan cambios en la estructura de la Tierra.

Y esto son los terremotos: cambios en nuestra conciencia.

Y es importante entenderlo bien para comprender nuestra existencia.

¿Qué Es la Materia?
El primer paso para comprender el significado profundo de los terremotos es ver que hay una relación muy intensa entre nuestra conciencia y la estructura física de la Tierra.

Esto es algo que normalmente no tenemos en cuenta: normalmente tenemos la sensación de que el mundo físico y la conciencia son dos cosas totalmente separadas. Y lo cierto es que realmente lo parece: a primera vista parece que nuestra conciencia no afecta a la materia de ninguna manera.

Pero no es así: nuestra conciencia y la parte física de la vida están completamente unidas. Todo lo que pasa en nuestra conciencia afecta a la materia.

Y el motivo es muy simple: la materia es conciencia.

Cuando vemos un objeto, normalmente tenemos la sensación de que está fuera de nosotros. Pero es solo una apariencia. En realidad, el objeto está en nuestra conciencia.

Por esto a nivel científico aún no sabemos de qué está hecha la materia exactamente. Llevamos siglos buscando y no hemos encontrado la respuesta definitiva: a medida que vamos entrando en la materia, lo único que vemos es un enorme espacio vacío, y unas partículas cada vez más diminutas y escurridizas que no se dejan atrapar.

Mi opinión es que no las atraparemos nunca. Porque la materia no tiene existencia propia.

La materia es simplemente un subconjunto de nuestra conciencia.

La Conexión entre Nuestra Conciencia y la Tierra La materia es una parte de nuestra conciencia, y por lo tanto, todo lo que pasa en nuestra conciencia, especialmente nuestros pensamientos y emociones, interactúa con la materia.

Lo primero que responde a nuestros pensamientos y emociones es nuestro cuerpo. En función de lo que pensamos y sentimos, nuestro cuerpo reacciona. De hecho, las enfermedades son una respuesta de nuestro cuerpo a los pensamientos y emociones que hemos ido acumulando durante tiempo.

Aparte de nuestro cuerpo, nuestro entorno también reacciona a nuestra conciencia. Esta reacción no es clara ni evidente (debe ser así para que la Tierra pueda cumplir la función para la que fue creada) pero, si nos fijamos, podemos ver que existe.

Las casas, por ejemplo, se deterioran más rápido cuando nadie vive en ellas. Las plantas crecen más cuando hablamos con ellas y las tratamos con amor. A veces nos sentamos al lado de una persona y nos sentimos bien (o mal) sin conocerla y sin hablar con ella. Y a nivel científico, hay experimentos donde las partículas subatómicas que forman la materia se comportan de manera distinta en función de lo que los científicos que hacen el experimento esperan de ellas.

La materia que nos rodea reacciona a nuestra conciencia, porque la materia es conciencia.

El Origen Espiritual de los Terremotos
Así pues, lo que pensamos y sentimos afecta a la materia de la Tierra: afecta a nuestro cuerpo y también a nuestro entorno.

Teniendo esto en cuenta, imagínate qué sucede cuando muchas personas piensan lo mismo: el impacto sobre la estructura de la Tierra puede ser muy grande.

Y esto es lo que pasa en los terremotos. Lo que sucede generalmente en estos casos es que la sociedad está dividida: una parte quiere vivir en el amor y avanzar, y otra se resiste a hacerlo. Unos tiran hacia un lado y otros hacia el otro, y esto al final afecta a la estructura misma del planeta.

Es como si hubiera un “escalón” en la conciencia global de la humanidad. Por un lado hay un grupo de personas con la conciencia elevada, y por otro lado hay otro grupo con la conciencia baja. Y, en algunos casos, este desnivel puede provocar una sacudida en la Tierra. (En un momento hablaremos con más detalle de en qué casos concretos se produce y en qué casos no).

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Los Efectos de los Terremotos en la Humanidad Los terremotos (y, de hecho, la gran mayoría de acontecimientos “impactantes” que suceden en la Tierra) se producen cuando hay dos grupos de personas con niveles de conciencia muy distintos.

El objetivo profundo del acontecimiento es que los niveles se igualen para recuperar el equilibrio. En este universo, todo lo que está desequilibrado tiende siempre a volver al equilibrio de una manera u otra.

Ahora bien, para que los dos niveles se equilibren hay dos opciones: que el grupo alto baje su nivel, o que el grupo bajo suba el suyo. Es decir, que el grupo alto se deje llevar por el miedo y baje su frecuencia de vibración, o que el grupo bajo conecte con su amor y aumente la suya.

Desde el punto de vista del universo, lo deseable es que el grupo bajo aumente su vibración; no a la inversa. El universo quiere que el amor aumente en la Tierra.

Pero la Tierra es un planeta de libre elección, y para respetar nuestra libre elección, el universo no puede forzarnos a amar; debe dejar que nosotros lo elijamos. (No entraremos hoy en este tema, pero esto forma parte de la función de la Tierra en el universo. Es una función muy hermosa y todos estuvimos de acuerdo con ella cuando decidimos venir aquí).

Así pues, por mucho que el universo desee que elijamos el amor y no el miedo, deja que seamos nosotros los que tomemos la decisión.

Y si te fijas, estas dos opciones, el miedo y el amor, son las dos opciones que aparecen siempre que hay un terremoto.

Cuando hay un terremoto, en primer lugar aparece el miedo. Los que viven el terremoto en primera persona, en general, sienten un miedo muy intenso. Y los que ven el suceso en las noticias, muchas veces tienen miedo de que algún día les pueda pasar a ellos.

Pero aparte del miedo, también está siempre presente la compasión. Cuando sufrimos y vemos sufrir a los demás, sale nuestro lado más tierno y humano. Nos ayudamos, dejamos de lado nuestros prejuicios y nos centramos en las cosas realmente importantes de la vida.

Y es nuestra decisión centrarnos en una opción o la otra.

Esta es la decisión que nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia: el amor o el miedo, la luz o la oscuridad. Es el gran reto que siempre ha tenido la humanidad.

Y los terremotos, las guerras y todos los grandes sucesos impactantes son una manifestación externa de este reto.

Por encima de todo, son una invitación a amar y a conectar con nuestra compasión, pero es nuestra decisión hacerlo o no.

Qué Elegiremos, ¿el Miedo o el Amor?
Teniendo en cuenta esta idea general sobre los terremotos, hay dos preguntas importantes.

La primera es: ¿qué camino elegirá la humanidad: el miedo o el amor?

Y la segunda es: ¿siempre que hay dos grupos de personas con niveles muy distintos de conciencia, tiene que haber un terremoto o algún suceso doloroso a la fuerza?

La primera pregunta es muy sencilla, porque ya tiene respuesta desde hace unos años. Durante mucho tiempo no se sabía qué camino elegiríamos, pero ahora ya sí. La decisión está tomada, y es muy firme: vamos hacia el amor.

¿Recuerdas la caída de las Torres Gemelas en el año 2001? ¿O el tsunami que hubo en el sudeste asiático el año 2004? ¿O el tsunami de Japón del año 2011?

Fueron sucesos muy impactantes que ocuparon las portadas de las noticias de todo el mundo durante días.

Hubo miedo, hubo tristeza y hubo desesperación; sobre todo en los que los vivieron más de cerca.

Pero por encima de todo hubo compasión. Una oleada de compasión se extendió por todo el mundo. Incluso los que tienen el corazón más cerrado, esos días lo abrieron un poco.

La humanidad decidió el amor.

Es verdad que a veces no lo parece, pero nos dirigimos hacia el amor.

Y no vamos a dar marcha atrás.

¿Habrá Más Terremotos y Sucesos Impactantes?
La humanidad está caminando hacia el amor, pero esto no significa que ya estemos allí, ni que vayamos a llegar rápido. Aún nos queda camino por recorrer, y en función de lo que hagamos pasarán unos cosas u otras.

Vamos hacia el amor seguro, pero podemos ir por un camino tranquilo y directo, o dando rodeos y pasando algunos baches.

La cuestión de fondo es que siempre que hay dos grupos de personas con niveles de conciencia muy distintos, tiene que pasar algo que los iguale. Y esta es la situación actual de la Tierra: hay un grupo con un nivel de conciencia bastante elevado, con muchas ganas de vivir en paz y armonía, y otro que aún tiene mucho miedo.

¿Significa esto que vamos a vivir más terremotos y sucesos dolorosos?

Pues depende.

Y depende principalmente de ti.

Para que se produzca un terremoto, tienen que cumplirse diferentes factores. El primero es el que ya hemos explicado: que haya dos grupos con niveles de conciencia muy distintos. Pero además de esto, tiene que cumplirse también que el nivel del grupo “alto” no sea demasiado alto.

Es decir, el grupo de personas que vibra en la frecuencia del amor tiene que tener también un poco de miedo. Si los que vibran en el amor fueran 100% amorosos, no habría terremoto.

Esta es la situación que hemos vivido durante los últimos años. Hay un grupo de personas con una vibración bastante alta, pero que siguen teniendo miedo. Aún nos preocupan muchas cosas, aún nos enfadamos cuando vemos lo que hacen los que no vibran tan alto, etc.

Estamos caminando hacia el amor, pero con dudas y a trompicones. Estamos empujando la humanidad para que avance hacia la luz y la armonía, pero muchas veces lo hacemos con demasiada fuerza, e incluso con rabia.

Y esto es lo que permite que haya terremotos.

Cuando nos sentimos superiores por el hecho de estar un poco más despiertos, cuando nos impacientamos porque la humanidad no avanza más rápido, cuando pensamos que hay malas personas que no tienen remedio… Todo esto son puertas que permiten que haya “desastres”.

No los habría si estuviéramos más centrados en el amor.

En un artículo de hace unos meses, explicaba que si hay una persona 100% amorosa en un avión, no puede tener un accidente de ninguna manera; independientemente de las demás. Si hay una sola bombilla en una habitación, no puede estar oscura.

Pues con los terremotos pasa lo mismo. Allí donde haya una persona totalmente amorosa, que nunca tenga un pensamiento oscuro sobre nadie, la tierra no puede abrirse.

Y esta es una parte de tu misión en la Tierra: con tu simple presencia y tu amor, puedes hacer que la tierra no se abra.

¿Lo habías pensado alguna vez? Es muy posible que en algún momento podría haber habido un terremoto cerca de donde tú vives, y no lo hubo porque tú estabas allí. O quizás sí lo hubo, pero fue más débil de lo que podría haber sido.

Muchas veces pensamos que nuestra misión es hacer cosas, y no siempre es así. A veces nuestra misión es simplemente hacer que no pasen ciertas cosas.

Y la clave es el amor incondicional.

Ama tanto como puedas, y la Tierra se irá calmando.

Todo depende de ti.

Un gran abrazo,

Jan